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Materializar las buenas intenciones

Frente a la pregunta cliché ¿cómo se ve en el futuro? Muchos inician por enunciar lo básico: casa, carro y familia. Sin duda, existen muchas otras buenas intenciones como iniciar un negocio propio, viajar e invertir. Cada colombiano sueña con cosas diferentes, pero todos necesitan el mismo instrumento para conseguirlo… el ahorro. En el país existen dos motivos principales por el que nos cuesta materializar las buenas intenciones. Se trata de la inclusión en el sistema financiero y la falta de conciencia frente al gasto. 

Según el Banco de la República, en su denominación más sencilla, el ahorro es esa parte de nuestros ingresos que no destinamos para el consumo. Un hábito que nos enseñan desde la casa con prácticas tan sencillas como el marranito y las monedas hasta comportamientos más complejos como la participación en el sistema financiero del país. 

Asli Demirguc-Kunt, directora de investigaciones del Banco Mundial, una de las economistas más citadas en los últimos años, ha realizado un estudio acerca de la interrelación entre la inclusión financiera y su impacto para reducir la pobreza, permitirle a las poblaciones más vulnerables ahorrar y tomar créditos para invertirlos en salud, educación o en nuevos emprendimientos dando resultados positivos cuando las poblaciones hacen parte del sistema financiero.  Sin embargo, según el Banco Mundial, solo el 45% de los colombianos usa productos financieros y el 72% no tiene un producto de ahorro. 

La inclusión financiera no se trata de que todas las personas adquieran créditos, sino de políticas que protejan a los consumidores, de educarlos para que hagan uso responsable de los productos bancarios, de la canalización de subsidios por este medio y de la inclusión de las mujeres en el sistema formal. 

Colombia ha mostrado progresos muy importante en esta materia. La Superintendencia Financiera señala que todos los municipios del país cuentan con la presencia de una institución financiera y el 76% de la población adulta tiene un producto financiero formal. En ese sentido, la Banca de Oportunidades permitió canalizar subsidios a tres millones de beneficiarios en todo el país. 

El segundo mal que evita materializar las buenas intenciones es la falta de conciencia. Es curioso ver que en las cifras del Banco Mundial se destaque que el 94% de los colombianos planifique su presupuesto de manera diaria, mensual o anual, pero solo el 23% recuerde en que gastó su dinero la semana anterior. 

La planificación, sin la conciencia del por qué y cómo deberíamos ahorrar, es solo un control de costos, pero no un vehículo de progreso. Quizás, el temor a los números y la falta de paciencia son factores más emocionales que racionales en los colombianos que evitan materializar las buenas intenciones. 

Es responsabilidad, de nosotros las entidades financieras, en ese sentido, adquirir un compromiso con los colombianos y hacer asequible la educación financiera. No es un tema exclusivo de ciertos sectores económicos o profesiones, sino un tema de interés general con un impacto importante en la vida y la calidad de vida de cada ciudadano. Incluir a los niños y jóvenes en estas iniciativas es imperante y necesario si queremos ver cristalizar los sueños de la siguiente generación de colombianos. 

La inclusión al sistema financiero y la planificación a conciencia son materias que deberíamos considerar como obligatorias en nuestra vida ya que la combinación de ambas nos permitirá alcanzar nuestras metas o facilitarnos alcanzar esos objetivos futuros. Para esto será necesaria la formación de hábitos en las familias en cuanto a consumo y gastos para pasar de analfabetas financieros a creadores de realidad. 

 


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